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Las abejas finalmente tienen un descanso

El confinamiento ha provocado la suspensión de determinadas actividades perjudiciales para los insectos cuya consecuencia se traduce en un mundo más amable para las abejas silvestres. Los conservacionistas esperan que algunos de estos cambios se queden para siempre.

Si bien las personas han estado confinadas en sus hogares esta primavera, la fauna salvaje se enfrentó a menos molestias humanas, tráfico y emisiones contaminantes. En Israel, los jabalíes se aventuran más en la ciudad de Haifa que antes, mientras que los delfines se aventuran cada vez más en el Bósforo, el ajetreado estrecho de Estambul que normalmente sirve como ruta de transporte marítimo.

Un animal que podría volver de manera muy necesaria es la abeja salvaje, dicen los científicos. Las poblaciones de abejas están disminuyendo rápidamente en todo el mundo debido a la pérdida de hábitat, la contaminación y el uso de pesticidas, entre otros factores.

«Estas criaturas son vitales para lo que comemos y en como se ve nuestro campo», dice Gill Perkins, presidenta de Bumblebee Conservation Trust. «Proporcionan un servicio de ecosistema completo».

Un mundo sin abejas sería muy diferente y cambiaría enormemente nuestra forma de vida. Las abejas son los polinizadores más importantes del mundo ya que fertilizan un tercio de los alimentos que comemos y el 80% de las plantas con flores. Las abejas y otros insectos polinizadores tienen un valor económico global de alrededor de £120 mil millones (133 mil millones de euros) y contribuyen alrededor de £690 millones (770 millones de euros) a la economía del Reino Unido cada año, según un estudio de la Universidad de Reading.

Uno de los mayores impactos ambientales del confinamiento global es la reducción significativa de la contaminación del aire.

Según un estudio realizado en 2016, la disminución de emisiones de los coches en las carreteras facilita la labor de forrajeo de las abejas ya que la contaminación del aire reduce sustancialmente la fuerza y la longevidad de los aromas florales. Los contaminantes descomponen las moléculas de olor emitidas por las plantas lo que dificulta que las abejas detecten los alimentos. Esto significa que a menudo tienen que volar más lejos para encontrar comida y llevarla de vuelta a sus panales. Las concentraciones de ozono de 60 partes por mil millones, que la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. clasifica como «bajas», fueron suficientes para causar cambios químicos que confundieron a las abejas y les impidió alimentarse de manera eficiente, descubrió el estudio.

«En un mundo con menos contaminación en el aire, las abejas pueden hacer ‘viajes de compras’ más cortos y rentables y esto puede ayudarles a tener más crías», dice Mark Brown, profesor de ecología evolutiva en Royal Holloway, Universidad de Londres.

Menor numero de coches en las carreteras implica también otros beneficios para las abejas. Es probable que la cantidad de muertes de abejas disminuya a medida que se reducen los viajes en automóvil durante el confinamiento, señala Brown. Un estudio de 2015 realizado por investigadores canadienses estimó que cada año 24 mil millones de abejas y avispas mueren en las carreteras de América del Norte por impacto contra los vehículos.

A medida que los ayuntamientos del Reino Unido ajustan sus gastos debido al coronavirus, muchos han dejado las labores de mantenimiento en los arcenes de las carreteras, los cuales, como resultado, se han convertido en hábitats exuberantes. «Esta inesperada abundancia de flores bien podría ser otro beneficio para las abejas, con la inesperada comida que proporcionan al aumento de sus poblaciones», dice Brown.

Los ecologistas en el Reino Unido han estado pidiendo a los ayuntamientos que permitan que los arcenes se vuelvan silvestres durante años, con campañas como «No corte, deje que crezca».

Brown sugiere que los ayuntamientos pueden estar descubriendo los beneficios financieros y ambientales de no cortar la flora de los arcenes durante el confinamiento y podrían continuar dicha práctica una vez que se levanten las restricciones.

Pero un descanso para las abejas silvestres no significa que sea un buen momento para la miel. Los apicultores comerciales y los agricultores que dependen de ellas para polinizar sus cultivos están teniendo problemas debido a las restricciones de transporte.

De acuerdo con Jeff Pettis, presidente de Apimondia, la federación internacional de apicultores, los apicultores comerciales en Canadá y muchos países europeos dependen en gran medida de los trabajadores de temporada y de la importación de abejas reinas de todo el mundo para reponer sus colonias. El Reino Unido, por ejemplo, obtiene muchas de sus abejas reina de Italia. Por lo general, las abejas son transportadas en avión, pero dado que los vuelos han sido cancelados, las abejas han tenido que ser transportadas en vehículos a través del continente, dice Pettis. «Si los apicultores no pueden encontrar mano de obra para la producción de miel, las colonias se congestionarán», dice él. Eso significa que las abejas se separan y pululan para formar nuevas colonias, lo que dificulta la gestión de la producción a los apicultores.

Esto podría tener serios efectos negativos para los agricultores de cultivos, ya que a menudo dependen de la colmena comercial itinerante para la polinización de sus cultivos. En los EE. UU., las abejas polinizan aproximadamente $15 mil millones (16,7 mil millones de euros) de cultivos cada año, incluyendo almendros, calabacines y melones, según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

Por ejemplo, se necesitan alrededor de dos millones de colonias de abejas solo para la producción de almendras de California. Los almendros florecen en febrero y marzo, y en abril las colmenas comerciales itinerantes normalmente se han trasladado a otras partes del país para polinizar otros cultivos. Esta reubicación requiere más tiempo este año ya que a algunos conductores se les ha pedido que se pongan en cuarentena durante 14 días al cruzar las fronteras estatales. «Ha sido un poco incierto», dice Pettis.

Si bien las cosas podrían estar mejor temporalmente para las abejas silvestres, las restricciones de viaje han obstaculizado los esfuerzos de los conservacionistas para recopilar datos sobre cómo les está yendo. Por lo general, los científicos llevan a cabo grandes encuestas de insectos cada primavera. Pero el Bumblebee Conservation Trust del Reino Unido ha suspendido sus BeeWalks, encuestas mensuales realizadas por voluntarios para contar la cantidad de abejorros en todo el país.

“No es un viaje esencial, por lo que hemos pedido a la gente que no haga esos paseos. No hemos podido recopilar los datos”, dice Perkins.

En cambio, los ecologistas y los grupos de conservación han pedido al público que los ayude a recopilar datos científicos durante este tiempo. La «ciencia ciudadana» es vital mientras se suspenden las encuestas oficiales, según la ecologista Claire Carvell, que dirige el Plan de Monitoreo de Polinizadores del Reino Unido. Cualquiera puede participar en esta actividad completando lo que se conoce como un recuento cronometrado de insectos y flores (recuento FIT). Esto implica vigilar una pequeña zona de flores de su jardín durante 10 minutos, contar la cantidad de insectos que ve y completar un formulario online.

«La encuesta puede ser realizada por cualquier persona que tenga una zona de flores y un poco de tiempo libre», dice Carvell, y agrega que la campaña de ciencia ciudadana está «creando un gran revuelo» este año. En abril, se presentaron 250 recuentos FIT online, más del doble del número recibido al mismo tiempo el año pasado. «La gente está disfrutando de la oportunidad de hacer algo un poco más estructurado con su tiempo», dice Carvell, y agrega que ha recibido datos de todo el Reino Unido y ha podido llegar a un área mucho más amplia de lo que los científicos suelen cubrir.

Por lo que además de brindar a las abejas silvestres un respiro temporal, los especialistas en abejas esperan que una mayor conciencia y compromiso con las abejas pueda ser una bendición para su conservación. Sin embargo, como con todos los otros cambios ambientales que podemos ver ahora, cualquier beneficio a largo plazo para las abejas dependerá de que estos cambios se mantengan a medida que se levanten las restricciones. Algunos cambios, como dejar los arcenes agrestes, podria ser fácil de mantener. Otros cambios, como mantener bajos los volúmenes de tráfico, tendrían que ser más sistémicos.

Un cambio que Perkins prevé que va a continuar es la reconexión de las personas con la naturaleza. «Están empezando a darse cuenta de cómo la salud mental y el bienestar están sostenidos por la naturaleza, particularmente por los abejorros, que son tan icónicos y hermosos», dice ella. «Espero que quede después del confinamiento».

Traducción del artículo original de la BBC en ingles. Haz clic aquí para ver el artículo original.

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