Els Vents, el refugio de la cocina alicantina de autor
enero 8, 2020
Las abejas finalmente tienen un descanso
mayo 21, 2020

¿Por qué BMA es sostenible?

Cuando allá por el año 2006 conocí el que sin saberlo iba a ser el lugar donde más duro he trabajado en mi vida, me embriagó una profunda sensación de tranquilidad, parecida a la que se siente cuando uno observa largo y tendido el ir y venir de las olas cara al mar, una extraña pero muy agradable sensación de paz.

Fueron pasando los años, instalé en medio del Bosque de Matasnos la que es mi casa, al principio poco más que una cabaña, donde sin quererlo me dejé deslizar en sus noches, madrugadas y días, cruzando mi destino con la naturaleza sin filtros, la naturaleza en el estado puro que estaba antes de empezar nuestra tarea, la de devolver al Bosque lo que era y fue ese lugar en el que me quedé a vivir.

Amanecía muchas mañana en campaña, en medio de la vendimia, y en la puerta de mi casa, en el Bosque, justo en frente de mí pacían un grupito de corzos comiendo en la viña, siendo una visión bucólica sin lugar a dudas en definitiva y para enmarcar la situación, se estaban comiendo el esfuerzo de tantas y tantas jornadas trabajando de sol a sol para obtener una uva de calidad.

Esos mismos días y llegada la tarde, en mi paseo de control antes del anochecer, cuando caminaba dentro de la viña, los pájaros salían volando del viñedo al próximo Bosque ahuyentados por mi presencia, solo “saltaban” de un planta de vid a una encina, y cuando me alejaba, volvían a su cómoda cena en cualquier de las plantas de nuestro viñedo.

Algo muy parecido me pasaba con los conejos, las liebres, las perdices, codornices… en fin, que aprendí que hasta el zorro come uvas, sí, el zorro, pero eso os lo contaré en otra ocasión.

Es en este momento cuando entiendo lenta pero tenazmente, que el medio ambiente siempre gana, no puedes luchar contra la flora, la fauna y la climatología, es imposible, entendí casi sin quererlo que teníamos que “aliarnos” con ellos, llevaban cientos de años allí y nosotros fuimos los últimos en llegar, la solución pasaba por crear un entorno más fuerte, completo y biodiverso donde las rapaces que faltaban y combatían a los miles de pájaros que vienen a la viña a desayunar o cenar, y faltaban porque años atrás el ser humano los había expulsado, había que darles de nuevo cabida y atraerlos.

También nos pasó con los corzos y con los jabalíes, pues entendimos que si limpiamos y pastoreamos nuestro Bosque con nuestro ganado, no solo evitaremos incendios, también conseguiremos que la maleza descontrolada no albergara a tantas especies animales como lo hace y además, nuestras propias ovejas producirán sus excrementos en la finca y podríamos utilizarlos para compostar y obtener un fertilizante natural, adecuado así toda nuestra estrategia de producción de vino de calidad y ecológicamente sostenible, no incurriendo en ningún incremento de la huella de carbono, pues eso de la economía circular lo conseguíamos produciendo nuestros propios insumos, nuestras propias ovejas.

Así llegamos al punto de la gestión del agua y la luz, la solar en lugar de la eléctrica generada por un motor se gasoil, pues invertimos la tendencia de mayor consumo a gasoil por la producción limpia de nuestra energía con paneles solares, y del agua… con el agua tenemos otro plan que os contaremos en otro capítulo, pero recordar que BMA es sostenible porque nuestra actividad económica y razón de ser es sostenible, y consiguiendo el punto de equilibrio en lo económico, se puede garantizar y nosotros lo garantizamos, somos sostenibles del campo hasta la tienda de vinos donde nos podréis encontrar, siendo uno de los vinos de calidad producido en España más sostenible de Europa.

Así vuelven a volar como vuelan las mariposas en nuestra viña… y nuestras abejas…

Jaime Postigo Gómez
Socio fundador y CEO


Peñaranda de Duero a 25 de febrero de 2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciseis − 6 =