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Principales diferencias entre Ribera del Duero y Rioja

Cuando en España hablamos de vino tinto, todo el mundo piensa en dos Denominaciones de Origen. Una es Rioja, y la otra, que se ha hecho fuerte y cuenta con gran prestigio tanto a nivel nacional como internacional, Ribera del Duero. Estas dos zonas cuentan con sus defensores y sus detractores. Cada bando con sus argumentos y razones para defender las virtudes, el estilo y la personalidad de aquel tipo de vino que más le gusta. Pero, ¿hay razón para este enfrentamiento? ¿Tan diferentes son? Desamores que matan, nunca mueren.

Características comunes y diferencias

Vamos a intentar poner un poco de luz sobre el asunto. Ambos mantienen determinadas características en común, ya que comparten la misma uva, la variedad tempranillo. Además, ambas zonas de cultivo se caracterizan por ser suelos arcillosos y calcáreos.

Entonces, ¿en qué se diferencian? La respuesta es, en el clima. ¿Es la influencia de la climatología tan extraordinariamente importante como para dar vida a dos vinos tan diferentes? En la Ribera del Duero es continental, con temperaturas extremas: mucho frío en invierno y mucho calor en verano, mientras que en La Rioja es más suave, con influencias atlánticas y mediterráneas que van a moderar la continentalidad propia de la zona.

Color, aroma y potencia

Los Ribera del Duero, casi siempre, serán más intensos. Los responsables del color en el vino son unos compuestos fenólicos llamados antocianos. De nuevo, el clima de la Ribera del Duero con sus contrastes térmicos será el responsable de que haya más en la uva que crece en esos parajes y, por tanto, produzca un vino con más capa de color.

En una segunda fase de la cata, fase olfativa, percibiremos marcadas diferencias. Mientras que en los vinos de Rioja predominarán los frutos rojos: frambuesas, fresas, cerezas, etc., en sus homólogos ribereños el aroma vendrá definido por frutos negros más maduros: mora, grosella, picota…

El predominio de la barrica francesa en Ribera del Duero nos traerá vainillas suaves y especiados elegantes mientras que en los caldos riojanos percibiremos aromas más evolucionados: cuero, cedro, caja de puros…debido al uso tradicional del roble americano. Las uvas de Ribera del Duero van a nacer en condiciones climatológicas más extremas, lo que producirá una mayor cantidad de taninos. Estos, nos van a dar mayor sensación de potencia cuando lo degustemos. Por el contrario, las uvas riojanas, al venir con menos carga tánica, aportarán sensaciones más ligeras.

Alcohol

Los Ribera tienen, generalmente, mayor graduación alcohólica. Debido a la amplitud térmica día-noche, la uva tempranillo de Ribera tardará más en madurar. Cuando esto ocurre, lo hace siempre con un mayor grado de azúcar, que en el proceso de fermentación se transformará en alcohol. Eso quiere decir que entre los caldos de la Ribera del Duero y los de Rioja puede llegar a haber un grado alcohólico de diferencia. Y al beberlo se percibe que es un vino más alcohólico, más estructurado.

Maridaje y añada

El maridaje se basa en la búsqueda de un equilibrio armónico entre aquello que comemos y aquello que bebemos. En ambos casos, podemos identificar la misma línea: perfecto maridaje con cualquier tipo de carne. Quizá los vinos riojanos puedan satisfacer un abanico más amplio; debido a su mayor acidez, los podríamos maridar con pescados, aunque estos tendrían que ser grasos para que la combinación fuese perfecta. En el caso de los Ribera se toman, sobre todo, los caldos denominados como Roble y los Crianza. De Rioja, en cambio, destacaríamos sus Reservas.

Acis Bernardo
Adjunto Director de Bosque de Matasnos

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